Cada finales de octubre, Barcelona huele a castaña asada antes de que cambien las hojas. Detrás de ese humo hay una fiesta que no es Halloween: la Castanyada, la celebración popular que acompaña a Tots Sants, el Día de Todos los Santos, y que une el recuerdo de los difuntos con una mesa de temporada.
El origen, campanas y vigilia por los difuntos
La Castanyada nace en el siglo XVIII como una fiesta funcional. La víspera de Tots Sants era una noche de vigilia: los campaneros tocaban las campanas sin parar para convocar a la oración por los muertos, y para aguantar el frío y las horas comían alimentos calóricos y baratos de temporada, castañas asadas, boniatos y vino dulce. De ese gesto práctico salió la fiesta, que pronto se cargó de creencias, como que por cada castaña que se comía esa noche se liberaba un alma del purgatorio.
¿Qué son la Castanyada y Tots Sants? La Castanyada es la fiesta popular catalana del 31 de octubre, víspera de Tots Sants, el Día de Todos los Santos del 1 de noviembre, ligada al recuerdo de los difuntos. Se celebra con castañas asadas, panellets, boniatos y moscatel, con castañeras en la calle y, el 1 de noviembre, visitas a los cementerios. El 2 de noviembre se suma el Dia dels Difunts.
El sustrato es más antiguo que el cristianismo. La fiesta se apoya en celebraciones de final de cosecha y de transición hacia la oscuridad del otoño, sobre las que la Iglesia superpuso después el 1 de noviembre. Por eso conviven en estas fechas la solemnidad religiosa de Tots Sants y la reunión popular alrededor de la mesa.
La castanyera, el símbolo humano de la fiesta
La figura central es la castanyera, la vendedora de castañas que aún hoy marca el inicio del otoño en las esquinas de Barcelona. Tradicionalmente se la representa como una mujer mayor de origen humilde, con falda larga, delantal, pañuelo en la cabeza y mantón de lana para el frío. Asaba las castañas primero en fogones de barro con forma de copa y, más tarde, en sartenes de cobre o hierro agujereadas, y las entregaba calientes en una paperina, el cono de papel de estraza.
El oficio tenía una capa espiritual. Según los expertos en folclore, mientras tostaban las castañas las castañeras rezaban por el alma de los difuntos, y se decía que mancharse la cara de hollín traía buena suerte. Esa imagen, tiznada y entre brasas, es el marcador visual que inaugura la temporada antes incluso de que el 1 de noviembre llegue al calendario.
Dónde se ponían las castañeras, según Joan Amades
Aquí está el detalle que casi ningún relato de la fiesta cuenta. Según el Costumari català de Joan Amades, recogido por el propio Ajuntament de Barcelona, las castañeras no se repartían al azar: el día de Todos los Santos montaban los puestos junto a los dos portales de la ciudad que llevaban a los cementerios. El Portal de l’Àngel era el paso obligado hacia el cementerio de los Empestados, en el actual cruce de Passeig de Gràcia con Aragó, y el Portal de Don Carles, en la actual avenida d’Icària, abría el camino al de Poblenou.
La lógica era comercial: la gente compraba las castañas al volver de visitar a sus difuntos. A partir del 2 de noviembre, las castañeras ya se repartían por toda la ciudad. Amades añade otro dato poco conocido, y es que al principio los panellets no se vendían en pastelerías, sino en los cafés y granjas tradicionales y en la calle, a menudo como premio de una apuesta, y que a finales del siglo XVIII había una feria de castañas y panellets en las calles del Call, la Boqueria y el Hospital.
Los panellets y la mesa de Tots Sants
El corazón dulce de la fiesta es el panellet. El clásico se hace con almendra cruda molida, azúcar, huevo y ralladura de limón, y se recubre de piñones, aunque hoy abundan los de coco, chocolate, café o membrillo. Su prestigio tiene respaldo oficial: los panellets cuentan con el sello europeo de Especialidad Tradicional Garantizada, uno de los 4 únicos productos agroalimentarios con esta distinción en España. Para comprarlos artesanos, las pastelerías de referencia de la ciudad se vuelcan en estas fechas.
Alrededor del panellet se completa la mesa. Las castañas asadas llegan en su paperina, los boniatos se asan lentamente en los mismos puestos, y el moscatel o la mistela ponen el vino dulce que antiguamente funcionaba también como ofrenda en las tumbas. Es una cocina de temporada pensada para entrar en calor y compartir, no muy distinta de la que se encuentra en el mercado de la Boqueria en otoño.
Las castañeras hoy, 65 paradas por la ciudad
La tradición callejera resiste e incluso crece. El Ajuntament ha concedido un récord reciente de 65 licencias para vender castañas y boniatos, repartidas por todos los distritos. Según los datos oficiales, Sant Martí concentra 18 paradas, casi un tercio del total, sobre todo por el Poblenou, mientras que el Eixample es el distrito con menos puestos, con apenas uno en la Gran Via. Los horarios habituales van de 9:00 a 22:00.
Más allá de los barrios densos, encontrarás braseros en puntos muy transitados como Plaça de Catalunya, Passeig de Gràcia o Plaça de Sants, además de Gràcia, Sants y Sant Andreu. El humo y el papel de estraza son, en la práctica, el anuncio de que el otoño ha llegado a la ciudad. Para saber cuándo cuadra mejor la visita, la guía de la mejor época para visitar Barcelona ayuda a elegir fechas.
Los cementerios y la memoria
El 1 de noviembre cambia el tono. Tots Sants es el día de recogimiento en el que miles de barceloneses acuden a los cementerios a limpiar las tumbas y llevar flores a sus difuntos, una costumbre que se vive más como memoria y unión familiar que como duelo. Los cementerios de Montjuïc, Poblenou y Sant Andreu son los más visitados, y en estas fechas amplían horarios.
El otoño convierte además los camposantos en patrimonio vivo. El cementerio de Poblenou, donde se encuentra la célebre escultura de El Petó de la Mort y la venerada tumba de El Santet, y el de Montjuïc organizan visitas guiadas, a veces a la luz de las velas, sobre su patrimonio funerario y artístico. Es una cara menos turística de la ciudad que conecta con Poblenou más allá de sus playas.
Castanyada o Halloween
La pregunta se repite cada otoño, pero el planteamiento es falso. En Barcelona conviven las dos celebraciones: las generaciones jóvenes, sobre todo los menores de 25 años, se inclinan por los disfraces del 31 de octubre, mientras muchas familias mantienen la cena tradicional, los panellets y la visita al cementerio. Es habitual combinar ambas en una misma noche, lo que algunos llaman Castaween.
Conviene recordar, además, que una calabaza encendida no es del todo ajena a la cultura catalana. Antes de la llegada de Halloween existía la costumbre, arraigada en comarcas como el Ripollès y Osona, de vaciar una calabaza o un nabo y ponerle una vela dentro, lo que se llamaba hacer el miedo. La Castanyada, en cualquier caso, mantiene su eje propio en el fuego, el fruto y el recuerdo, y forma parte del mismo calendario que la Mercè o Sant Jordi en el imaginario catalán.
Preguntas frecuentes sobre la Castanyada y Tots Sants
¿Qué se come en la Castanyada?
Castañas asadas, panellets, boniatos y moscatel son los protagonistas. Las castañas dan nombre a la fiesta y se venden en la calle dentro de una paperina; los panellets son el dulce estrella, de almendra cruda molida, azúcar, huevo y piñones; el boniato asado acompaña, y el moscatel es el vino dulce tradicional.
¿Por qué se comen castañas en Tots Sants?
Por su origen en el siglo XVIII. Los campaneros tocaban las campanas toda la noche de la vigilia de Tots Sants para convocar a la oración por los difuntos, y comían castañas, boniatos y vino dulce, alimentos calóricos y de temporada, para aguantar el frío y las horas. De ahí pasó a las familias.
¿Qué diferencia hay entre la Castanyada y Halloween?
La Castanyada nace de un ritual funerario familiar catalán ligado a Tots Sants, con castañas, panellets y visitas a los cementerios. Halloween es una celebración importada, centrada en los disfraces. Hoy conviven en Barcelona, y muchas familias combinan la cena tradicional con la fiesta de disfraces en la misma noche.
¿Dónde encontrar castañeras en Barcelona?
En las calles de toda la ciudad de octubre a noviembre, con un récord reciente de 65 paradas municipales. Sant Martí concentra 18, casi un tercio, y el Eixample es el distrito con menos puestos. Puntos habituales son Plaça de Catalunya, Passeig de Gràcia y Plaça de Sants, de 9:00 a 22:00.
¿Qué son los panellets?
Un dulce catalán de Tots Sants hecho con almendra cruda molida, azúcar, huevo y ralladura de limón, recubierto de piñones en su versión clásica, aunque hay de coco, chocolate o café. Tienen el sello europeo de Especialidad Tradicional Garantizada, uno de los cuatro únicos productos con esta distinción en España.
Mientras Barcelona huela a castaña y almendra a finales de octubre, la Castanyada seguirá ganando la noche, con o sin disfraces.