Desde el mismo promontorio de Calella se mandaron mensajes de tres maneras distintas. Con señales visuales hacia la frontera francesa desde dos torres de telegrafía óptica. Con luz hacia el mar desde un faro que alumbraba quemando aceite de oliva. Y con toques de campana hacia el pueblo desde la parroquia.
Ese es el hilo que ordena la visita a esta ciudad del Maresme, y explica su patrimonio mejor que cualquier lista de monumentos. El cuarto capítulo llegó en 1937, cuando los mensajes que había que esperar eran bombardeos y hubo que excavar refugios.
¿Qué se puede ver en Calella? El faro de 1859 sobre el promontorio del Capaspre, las dos torres de telegrafía óptica de 1848 y 1857, el refugio antiaéreo del Parc Dalmau y el museo municipal con la antigua farmacia Barri. La entrada combinada a los tres espacios cuesta 3,50 euros.
Les Torretes mandaban mensajes a Francia sin cables
Las Torretes son dos torres de telegrafía óptica del siglo XIX. La primera se levantó en 1848 y la segunda, más alta, en 1857. Formaban parte de la red que permitía enviar mensajes rápidos hasta la frontera francesa mediante señales visuales, cuando el telégrafo eléctrico todavía no había llegado.
El sistema funcionaba por relevos: cada torre veía a la siguiente y repetía la señal, de modo que un mensaje que a caballo habría tardado días cruzaba Cataluña en cuestión de horas. Es una tecnología que duró poco, apenas unas décadas, y por eso quedan tan pocos ejemplos en pie.
En Calella se conservan las dos, y son el motivo por el que el centro de interpretación del faro dedica una parte a explicar la telegrafía óptica junto a las señales marítimas.
Un faro de 1859 que alumbraba con aceite de oliva
El Far de Calella se levantó sobre el promontorio rocoso del Capaspre, documentado desde el 5 de noviembre de 961 en una donación al monasterio de Sant Pol de Mar. Allí hubo desde época medieval una torre de vigilancia artillada contra los corsarios, que se derribó en 1857 precisamente para construir el faro.
La decisión venía de arriba. El Plan General para el Alumbrado Marítimo de España de 1847 preveía 126 faros, y una Real Orden del 27 de junio de 1856 fijó que uno de ellos se alzaría en las rocas de Calella, a unos 35 metros sobre el nivel del mar. La obra terminó el 14 de noviembre de 1859 y el faro entró en servicio el 15 de diciembre de ese año.
Los detalles técnicos son lo mejor de la visita:
- El aparato óptico se construyó en París y su luz alcanzaba unas 18 millas.
- El combustible inicial fue aceite de oliva, sustituido después por parafina y más tarde por petróleo.
- Las obras costaron 127.000 reales.
- Fue el quinto faro de Cataluña en entrar en funcionamiento, tras los de Llobregat, Cap de Creus, Cap de Sant Sebastià y Cap de Salou.
- En 1916 se electrificó y en 1927 se cambió el aparato óptico por otro que llegaba a 33 millas.
Tres refugios para la mitad del pueblo
El Refugi Antiaeri del Parc Dalmau entró en funcionamiento en 1937, pocos meses después de que el Comité Municipal acordara, el 2 de noviembre de 1936, construir refugios para proteger a la población de los ataques aéreos. El proyecto lo firmó Jeroni Martorell.
En Calella se habilitaron tres refugios: el de la montaña del Roser, el del Parc Dalmau —también conocido como el parc dels Pins— y el de la Granja. Entre los tres ofrecían capacidad para unas 3.600 personas, el equivalente a la mitad de la población del municipio en aquel momento.
El detalle que mejor explica cómo se vivía aquello: los vecinos tenían asignado refugio según la calle donde vivían, y cada uno contaba con tres accesos para evitar aglomeraciones cuando sonaba la alarma.
El Ayuntamiento lo restauró con la colaboración del Memorial Democràtic y lo abrió al público el 11 de abril de 2010. Forma parte de la Xarxa d’Espais de Memòria Democràtica de Catalunya. Dentro se recorre la galería principal y se proyecta el audiovisual Testimonis de la Guerra, con vecinos de Calella contando la guerra y la posguerra.
Veinte años entre fundar el museo y abrirlo
El Museu-Arxiu Municipal de Calella Josep M. Codina i Bagué lo fundó en 1959 un grupo de jóvenes del pueblo, pero no abrió al público hasta 1979. Veinte años de diferencia entre la idea y la puerta abierta.
Ocupa una casa pairal construida por Bernat March entre 1636 y 1669, fecha que figura en la jamba de una de las ventanas, en el carrer de les Escoles Pies, el antiguo carrer de la Pansa.
Lo que más se recuerda de la visita es la reconstrucción de la antigua farmacia Barri, anteriormente Tió, con todo su utillaje y mobiliario originales. Hay además una reproducción de cocina tradicional, salas dedicadas a los oficios y devociones del pueblo, y el Espai Gallart, dedicado al artista local. El patio, abierto en 1989, guarda el escudo de los Roger y paneles cerámicos de Joan Baptista Guivernau.
Las salas repasan la historia de la ciudad con especial atención al comercio y la industria, que fueron los motores económicos de Calella hasta que llegó el turismo. La exposición permanente está en catalán, castellano, inglés y francés.
Aquí el horario decide el viaje
Esta es la parte que decide el viaje. En Calella el patrimonio abre por la tarde, justo cuando el visitante de playa está en la arena, y entre semana no hay manera de visitarlo por la mañana.
| Espacio | Cuándo abre | Precio |
|---|---|---|
| Museu-Arxiu, del 15 de abril al 14 de octubre | Martes a sábado 18:00-21:00, domingos y festivos 11:00-14:00 | 2 € normal, 1 € reducida |
| Museu-Arxiu, del 15 de octubre al 14 de abril | Martes a sábado 17:00-20:00, domingos y festivos 11:00-14:00 | 2 € normal, 1 € reducida |
| Centre d’Interpretació del Far, de abril a junio y octubre | Sábados, domingos y festivos 10:00-14:00 | 2 € normal, 1 € reducida |
| Centre d’Interpretació del Far, de julio a septiembre | Martes a domingo y festivos 17:00-21:00 | 2 € normal, 1 € reducida |
| Centre d’Interpretació del Far, de noviembre a marzo | Cerrado | n/a |
| Entrada combinada refugio, museo y faro | Según horarios de cada espacio | 3,50 € |
Dos avisos concretos. El faro cierra del 1 de noviembre al 31 de marzo, así que una escapada de invierno se queda sin la visita más fotografiada de la ciudad. Y en verano solo abre de 17:00 a 21:00, en la franja en que la mayoría sigue en la playa.
La entrada es gratuita para menores de 16 años, personas en paro sin prestación, docentes, residentes en Calella y el primer domingo de cada mes. Las visitas guiadas para grupos de hasta 25 personas cuestan 110 euros por grupo. El museo está en Escoles Pies 36-40 y el teléfono es el 93 769 51 02.
Calella no es Calella de Palafrugell
Merece un apartado porque el error se comete al reservar y sale caro. Son dos municipios distintos con el mismo nombre y a más de una hora de distancia.
Calella, a secas, está en el Maresme, tiene parada propia de Rodalies y es una ciudad turística consolidada, con una planta hotelera pensada para estancias largas. Calella de Palafrugell está en la Costa Brava, mucho más al norte, es un núcleo pequeño de casas blancas sobre calas y no tiene tren.
Si lo que buscas son las arcadas blancas frente al mar y el festival de habaneras, el sitio es el otro, y está en qué ver en Calella de Palafrugell. Si buscas una base con hoteles, servicios y tren directo a Barcelona, el sitio es este.
Cómo llegar y con qué encadenarlo
Calella está en la Rodalies R1, la línea del Maresme entre Molins de Rei y Maçanet-Massanes. La frecuencia varía por tramos y Calella marca precisamente el final del tramo bueno: hasta aquí hay tren cada 15 minutos en hora punta y cada 30 el resto del día. A partir de esta parada el servicio se espacia.
El billete es integrado y se paga por coronas: el sencillo va de 2,90 euros en una corona a 8,80 euros en cinco, y la T-casual de 10 viajes de 13 euros a 51,20 euros. El detalle de títulos está en la guía del transporte público de Barcelona.
Del pueblo sale un camino de ronda hacia Sant Pol de Mar que recorre la costa por los acantilados, y las dos poblaciones tienen estación propia en la misma línea, así que se camina en un sentido y se vuelve en tren. Los otros dos vecinos completan el recorrido: la casa y el taller de Domènech i Montaner en qué ver en Canet de Mar, y la subasta de pescado y el cementerio de Sinera en qué ver en Arenys de Mar. Las calas rocosas quedan en qué ver en Sant Pol de Mar.
Para montar la ruta completa sin coche, las combinaciones están en Cataluña sin coche y en las excursiones desde Barcelona en tren. Y si la fecha se puede mover, la mejor época para visitar Barcelona vale aquí con un matiz propio: en invierno el faro no abre. Entre los destinos de los pueblos más bonitos cerca de Barcelona, este es el que más depende del calendario.
Dos paradas más al norte acaba el tramo de frecuencia alta y empieza otra costa: la roca de Sa Palomera marca el inicio de la Costa Brava, según qué ver en Blanes.
Preguntas frecuentes sobre Calella
¿Cuánto cuesta visitar el faro y el museo de Calella?
La entrada normal son 2 euros y la reducida 1 euro para cada espacio. La combinada que incluye el refugio antiaéreo, el museo y el faro cuesta 3,50 euros. Es gratis para menores de 16 años, personas en paro sin prestación, docentes y el primer domingo de cada mes.
¿Cuándo se puede subir al faro de Calella?
Solo media parte del año. De abril a junio y en octubre abre sábados, domingos y festivos de 10 a 14 h, y de julio a septiembre de martes a domingo de 17 a 21 h. Del 1 de noviembre al 31 de marzo el centro de interpretación permanece cerrado.
¿Qué son Les Torretes de Calella?
Dos torres de telegrafía óptica del siglo XIX, una levantada en 1848 y la segunda, más alta, en 1857. Servían para enviar mensajes rápidos hasta la frontera francesa mediante señales visuales, antes de que llegara el telégrafo eléctrico.
¿Se puede visitar el refugio antiaéreo de Calella?
Sí, con horarios fijos. El Refugi Antiaeri del Parc Dalmau entró en funcionamiento en 1937 y se abrió al público el 11 de abril de 2010, tras restaurarlo con el Memorial Democràtic. Se recorre la galería principal y se proyecta el audiovisual Testimonis de la Guerra.
¿Calella del Maresme es lo mismo que Calella de Palafrugell?
No, y la confusión es frecuente al reservar. Calella está en el Maresme, a unos 50 kilómetros de Barcelona y con parada propia de la R1. Calella de Palafrugell está en la Costa Brava, mucho más al norte, y no tiene tren.
En Calella todo lo que merece verse abre cuando la playa se vacía.